El Obispo William O. Gregg
Reflexiones de verano del Obispo Gregg

Este mensaje, escrito por el Obispo Asistente William O. Gregg, apareció en forma bilingüe en el número de junio de 2009 del periódico diocesano “The Disciple” (página D-2,7).

Ésta es una época agitada: Las escuelas están terminando; muchos estudiantes universitarios están volviendo a casa para el verano; muchos estudiantes esperaban tener trabajos este verano, pero están enfrentando una época de incertidumbre y la posibilidad de no tener trabajo. Las vacaciones están siendo canceladas o reducidas, y la industria turística está ansiosa. Parece haber resistencia a ver y a nombrar el movimiento positivo en la economía. Nos sentimos pesimistas.

El evangelio no nos llama a ser “optimistas con los ojos bien abiertos”. Sin embargo, sí nos llama a ser “realistas con una mirada clara” de una manera muy especial. Nuestro realismo es el de la persona fiel, el de estar firme en relación con el Padre a través del Hijo en el Espíritu. Nuestro realismo sabe que si abrimos los ojos, prestamos la atención, y actuamos, hay gracia cualquiera sean nuestras circunstancias. Por más difíciles, desafiantes y abrumadoras que sean nuestras circunstancias, podemos vivir fielmente nuestra relación con Dios—una relación que se estableció sacramentalmente en el bautismo y se alimenta cada semana en la comunión. Si vivimos así, encontramos el camino con dignidad, coraje, esperanza, y vida renovada. En esta fundación segura y cierta, convivimos mutuamente cada día.

En épocas como estas, recibimos una gracia: La de darnos cuenta de lo importante que es vivir en comunidad. Nos recomprometemos a nuestras conexiones recíprocas como el Cuerpo de Cristo, especialmente en nuestras parroquias, misiones, y comunidades locales. Dios nos llama y nos fortalece en el Espíritu para vivir más deliberadamente y profundamente en una imagen usada por San Pablo: La de la iglesia con Cuerpo de Cristo. En el Cuerpo de Cristo hay muchos partes, cada una con su función y contribución propia. Y todas las partes son necesarias para el Cuerpo. (Vea Romanos 12 y 1 Corintos 12).

Hoy, esta interconectividad en el Espíritu adquiere muchas formas: escuchamos con atención a los miedos y ansias de alguien; ayudamos a establecer contactos sobres posibilidades de trabajos; o apoyamos directamente al que nos necesita, con cuidado y con respeto por su dignidad. Esta interconectividad tal vez aparezca, en tu parroquia o en tu misión, en la forma de seminarios y programas que tratan de cuestiones financieras, apoyan la búsqueda de trabajo en la economía de hoy, o exploran oportunidades de capacitarse para hacer trabajos nuevos, aprendiendo dónde están y cómo obtenerlos. Estos programas siempre incluyen el acordarnos el uno del otro ante el Señor cada día en nuestros corazones y reunirnos para la Eucaristía semanal.

Otra gracia de este momento es el don de ser creativos. Si somos claros en lo que necesitamos y esperamos, el paso siguiente es vivir este futuro en una manera creativa, que da vida, y que nos trasforma a nosotros mismos, a nuestras comunidades y a nuestra iglesia. Si vemos sólo el pasado (“Siempre lo hemos hecho así” o “Nunca lo hemos hecho así antes.”), nos quedamos en ese pasado. Quedamos atrapados en la definición que Einstein una vez dio de la locura: Repetir la misma cosa una y otra vez, esperando resultados diferentes. Podemos, con la ayuda de Dios, pensar en e implementar nuevas maneras de empleo – ¿qué podemos hacer para mantener empleados la mayor cantidad posible de gente? ¿Cuáles son las opciones de combinaciones de empleo? ¿Cómo podría una compañía o un negocio pequeño colaborar con otras compañías y negocios pequeños para estabilizar, o aun aumentar empleo en una comunidad local? ¿Cómo ajustaríamos nuestra forma de vivir? ¿Qué han hecho otras personas o qué están haciendo ahora? ¿Cuáles son los riesgos que podemos y estamos dispuestos a correr? ¿Cuánto es suficiente para que todos satisfagan sus necesidades básicas? ¿Cuánto para que todos tengan lo necesario de manera razonable? ¿Qué estoy yo, o qué estamos nosotros dispuestos a cambiar para el bien colectivo? ¿Qué estoy yo, o qué estamos nosotros dispuestos a adoptar para el bien colectivo? Hay ejemplos de experimentos y éxitos creativos maravillosos.

La promesa que Dios nos hace no es que tendremos cosas en exceso, sino que tendremos lo suficiente. Lo que Dios nos demuestra es que el sentido que Dios le da a la expresión “suficiente”, realmente significa “suficiente y más”. Piensa en los seis relatos de la Alimentación de las Multitudes. ¿Qué fue lo que Jesús en realidad le mostró a la gente? ¿Qué nos muestra Jesús a nosotros? Si cada persona y cada parroquia y misión hace lo que Jesús nos muestra, ¿qué podría hacer Dios mediante nosotros en esta época?